Convertir la vida en arte, no el arte en vida.

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Convertir la vida en arte, no el arte en vida.

Dimas Prychyslyy, poeta y literato

 

Cuando leí por primera vez el proyecto de BACOS (Bienal Internacional de Arte Contemporáneo Emergente Eve-Maria Zimmermann) no pude evitar sonreír, pensé que Dioniso y Apolo se habían unido al fin, acaso en defensa propia. Me sorprendió la geminación sutil del nombre, la idea de un lugar para el arte contemporáneo en el municipio donde los libros me salvaron del hastío, me sorprendió encontrarme algunos espacios, más que familiares para mí, abiertos repentinamente a acoger propuestas de jóvenes artistas tanto nacionales como extranjeros. Algo ha cambiado, pensé. Y es que si hay algo que caracteriza al municipio es su capacidad de acoger al que llega de fuera, yo doy fe de ello y Eve-Maria seguro que lo corroboraría. En este caso la acogida genera mucho más entusiasmo, enormes expectativas, se presenta como una apuesta ambiciosa pero no por ello menos generosa y gratificante. Apostar por el arte es apostar por la gente, creer en la forma en la que alguien concibe el mundo y lo que le rodea es una fórmula de cambiar y combatir este en el que vivimos, es una labor humanística que solo las mentes más lúcidas promueven con el fin único de ofrecer un conocimiento relacionado con lo sensorial y lo sensible, de abrir puertas a nuevas perspectivas.

La bienal surge como un proyecto de lo más llamativo, no solo en el ámbito insular, también en el nacional. Las grandes urbes han acaparado durante demasiado tiempo las manifestaciones artísticas más prometedoras, han acogido a los genios nacientes, han favorecido como mecenas avarientos las conglomeraciones artísticas con el fin, perdónenme la osadía, de exprimir, en el peor de los sentidos, al creador novel, novato, desvalido. Desde hace unos años a esta parte se han venido desarrollando proyectos a lo largo de toda la geografía española que han pretendido llevar a cabo esa descentralización del arte.

Pequeños pueblos, exóticos emplazamientos, buenas ideas y nuevos horizontes han permitido que la labor artística llegue a sus habitantes como algo cotidiano, han sabido convertir la vida en arte, no el arte en vida, ese es su mayor logro.

Ahora San Miguel de Abona se suma a este tipo de iniciativas, ofrece su geografía única, la calidad de sus gentes, el espíritu tranquilo a la vez que insaciable de novedades de aquellos que lo habitan para convertir la periferia en centro, para poner el foco de la atención en el margen, para tender puentes efímeros y paradójicamente eternos entre todas las orillas que quieran conectar con la suya.

Este BACOS, este Dioniso, habla, a fin de cuentas, el lenguaje de Apolo, fundirá lo telúrico y lo inefable en obras que darán testimonio sobre la forma más profunda del ser y del estar humano, dándoles un lugar, un valor y una resonancia. Frente al creciente utilitarismo que experimentan los oficios en la actualidad, frente al pánico generalizado ante los supuestos renacientes “vagos y maleantes”, apuestas como la presente bienal nos sitúan en una incomodísima postura en la que no nos queda más remedio que el de revalorar la situación actual, replantearnos la vida y establecer de nuevo nuestras prioridades. Los espacios de sensibilidad son absolutamente necesarios frente a los lugares de utilidad dado que nos recuerdan, lejos de lo que somos capaces de producir, qué es lo que somos en esencia.

 

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